¿Bustinduy conducción?
Ante la falta de referentes en el espacio de la izquierda alternativa, el ministro Pablo Bustinduy emerge como una opción. Pese a autodescartarse, tiene dos cartas a considerar, gestión y reputación.
El deber de vencer es indispensable en la conducción; aquel conductor que no sienta el deber de vencer, difícilmente va a vencer en cualquier acción. El que quiere conducir con éxito tiene que exponerse. El que quiere éxitos mediocres que no se exponga nunca; y si no quiere cometer ningún error, lo mejor es que nunca haga nada.
Juan Domingo Perón
La crisis de la vivienda es uno de los temas que marca la actualidad en España. Desde el Gobierno de coalición, la última medida que se buscaba aprobar en el Congreso de los Diputados como forma de hacer frente de algún modo a la crisis era un decreto ley centrado en la prórroga extraordinaria de dos años en los contratos de alquiler de vivienda habitual. Una medida con un alcance limitado considerando las dimensiones de dicha problemática, pero que no se ha de minimizar por el efecto que puede tener en distintos sectores de la población española. Sin embargo, el decreto terminó siendo rechazado por el voto en contra de las derechas (PP, Vox y Junts).
De este episodio, es oportuno resaltar el papel desempeñado por el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy (Sumar). El haber sido el principal impulsor del decreto ley en materia de vivienda como la relación que ha tendido con los actores sociales se suman a la lista de motivos para proponer a Bustinduy como una figura candidateable por el espacio de la izquierda más allá del PSOE. Bustinduy puede ayudar a cubrir esa falta de referentes, de activos políticos del espacio. Ante esto, sumado a una Yolanda Díaz en proceso de retirada, Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns han sido los primeros en promover que Bustinduy sea candidato para las próximas elecciones generales y también el líder del espacio, aunque el propio ministro se ha encargado de rechazar la propuesta. A pesar del autodescarte, en el presente artículo se va a pensar que aún no es posible abandonar esta idea.
El Ministerio que ocupa Bustinduy es fruto de un momento de la política española marcado por la conformación de coaliciones de gobierno. La España del retorno a la democracia se había caracterizado por una falta de cultura de coalición. Así, cuando llegó el momento de construir una coalición a nivel nacional tras las elecciones de 2019, el PSOE, más que seguir la ley de Gamson –el reparto de las carteras entre los partidos del gobierno en proporción estricta al número de escaños–, se encargó de trocear los ministerios para que el socio minoritario tuviese varias carteras, pese a que luego su poder real se viese altamente limitado. Esto ocurrió tanto en la fase Podemos como en la fase Sumar.
Aun cuando el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 no tiene la relevancia de otras carteras ministeriales, su titular ha mantenido un rol activo en lo que se refiere a sacar partido a las competencias disponibles. La reforma del artículo 49 de la Constitución, la aprobación del real decreto para financiar la ley ELA o la protección al consumidor mediante la imposición de multas a empresas por prácticas abusivas y sanciones a inmobiliarias por cobros indebidos son algunas de las medidas que se han tomado durante la actual gestión de este ministro. También se ha de admitir que si uno no se encuentra lo suficientemente politizado, es normal que pueda no estar tan informado en torno a logros cosechados por tal ministerio. Relevancia y visibilidad van de la mano entonces, a lo que hay que sumar que Bustinduy hasta el momento tampoco dispone de tanta exposición pública.
Lo que queda claro es que el Bustinduy ministro busca ser reconocido por su gestión. Considerando su trayectoria –marcada por ser uno de los fundadores de Podemos–, éste era nombrado en un ministerio del que no era un especialista. En todo caso, su nombramiento suponía la vuelta a la política de una de las figuras con mejor consideración del campo de la izquierda alternativa. Gestión y reputación como los dos principales elementos para pensar la proyección de Bustinduy.
Entonces el papel asumido por el ministro de Derechos Sociales con respecto al decreto ley en materia de vivienda se inserta en esta tendencia señalada anteriormente. Con una ministra de Vivienda fuera de foco, Bustinduy tomó la responsabilidad. A fin de cuentas era una medida que llevaba tiempo reclamando el socio minoritario de la coalición.
Para la aprobación del decreto ley en el Congreso, el Gobierno necesitaba también el voto favorable de Junts, pero, como viene siendo habitual en la actual legislatura, los de Carles Puigdemont acabaron alineándose con el PP y Vox. No obstante, en línea con Amador Fernández Savater y Ernesto García López, el punto destacable aquí ha sido la búsqueda por parte de Bustinduy de un apoyo que transcienda la aritmética parlamentaria, de ahí que en el último tiempo haya tendido relaciones con los actores sociales movilizados –en particular el de la vivienda–. Ese reconocimiento que hace el ministro en torno a las limitaciones del poder institucional les permite a Fernández Savater y García López señalar que los movimientos sociales parecen igualmente encontrarse atrapados en repertorios estandarizados. Por ello, estos autores proponen «coreografiar la política»: “se trata de intentar generar un proceso sociopolítico «no dogmático», capaz de integrar y fusionar técnicas de movilización muy diversas, donde cada una puede tener su momento y su eficacia, interpelar a un público, producir un efecto”.
En esta apertura de la imaginación política, la idea de coreografiar no está tan lejos de la «ecología organizativa» propuesta por el filósofo Rodrigo Nunes en el libro Neither Vertical Nor Horizontal (2021). Pensar la organización en términos ecológicos supone renegar de una forma ideal, evocando un ecosistema en el que coexisten distintas formas, modalidades y grados de organización. Lo que se busca es la construcción y sostenimiento de sujetos colectivos sobre la base de realidades fragmentadas. Todo ello también implica potenciales peligros y desvirtuaciones, pero de alguna manera habrá que salir de los bloqueos.
Cuando se aborda la acción colectiva, no solo se trata de hablar de la organización. Otro elemento es el del liderazgo. Para Nunes, a pesar de las suspicacias que puede llegar a generar, el liderazgo en política cumple una dimensión ineludible: la puesta en marcha del comportamiento colectivo. En el momento que se introduce un comportamiento que otros adoptarán o adaptarán, se marca una línea divisoria con esa otra forma de entender el liderazgo como la capacidad en que ciertos individuos consiguen que otros cumplan sus órdenes sin rendir cuentas. Es decir, Nunes habla de la posibilidad de un liderazgo basado en la reciprocidad, que está sujeto a obtener el apoyo de lo demás debido a que carece de los medios para exigirlo o extraerlo.
Focalizando en las perspectivas del espacio de la izquierda más allá del PSOE, el panorama en que se halla es más bien adverso. Dos de las señales de esta adversidad son los pobres desempeños en los últimos comicios autonómicos y, al ser el socio minoritario, el encontrarse más expuesto a los efectos negativos que infringe el desgaste del gobierno de coalición. Sin embargo, tampoco es conveniente olvidar que hoy el espacio ocupa una posición que está lejos de ser residual.
Así pues, el modo en que Pablo Bustinduy asume la condición institucional puede ser el camino a transitar por parte del espacio de la izquierda alternativa: sin renunciar a la gestión, reconocer que para estar cerca de la ciudadanía también hay que ampliar los repertorios de acción conjunta. La conducción entonces no es algo dado, sino que requiere de exposición, de reconocimiento. ¿Bustinduy conducción? Es una pregunta que debería de seguir sobrevolando en dicho espacio.
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