Rufián, Delgado y la izquierda que descubre a Hobbes
Toca disputar el cómo manejar el miedo en política para que no sea absorbido por aquella particularidad soberana que quiere afirmarse violentamente. Para ello, la izquierda puede apoyarse en Hobbes.
El mes de febrero en España ha venido marcado por la «unidad de la izquierda», en particular por el encuentro entre Gabriel Rufián (Esquerra Republicana de Catalunya) y Emilio Delgado (Más Madrid). Pero más allá de la sin duda relevante pregunta por la modalidad de relaciones y formas de organización y competición electoral de la izquierda más allá del PSOE, dicho mes y encuentro nos devuelve otras preguntas, una de ellas: ¿cómo hacerse cargo del miedo en política?
La del teatro Galileo fue una intervención política que plantea cuestiones incómodas como la presencia del miedo o la cuestión de la seguridad, a partir de la necesidad de aspirar a la apelación de un conjunto mayor de la comunidad política. Si son asuntos tan sumamente políticos, ¿cómo se van a rehuir desde la izquierda? ¿O, cómo van a ser tratados como un asunto de falsa consciencia?
Emilio Delgado, el man mostoleño que deja traslucir que izquierda ≠ woke, llama a quitarse el fular de Malasaña y penetrar en todos los problemas e identidades del big Madrid. Argumenta que se debe realizar un trabajo de persuasión a los chavales en los que está calando los sentidos de la derecha: son también nuestra gente y toca convencer.
Gabriel Rufián, el chico de Santa Coloma, que es el chico del momento en la pasarela de la new left, y que se posiciona contra la «COMPOL» a la vez que asume una episteme discursiva que parece dar sus frutos. Da igual que sea verdad o mentira, la gente tiene miedo nos dice Rufián. No podemos simplemente permanecer ajenos a sentimiento populares y asumir que la gente vive inoculada por el miedo que le inyectan los medios de la derecha y las redes de los tecnooligarcas. No hay falsa consciencia. La tarea política de cada tiempo no es la de desvelar la verdad, sea del 0,05% de okupaciones en el parque de vivienda, los 1000 burkas que se lleven en España o la baja tasa de homicidios de uno de los países más seguros del mundo. Puede existir una sensación de miedo por la cuestión securitaria u otras y es legítimo. Al igual que hay miedo a la llegada de la extrema derecha, o al desorden internacional que se percibe como mundo en guerra, es un mirarse al espejo con tus inseguridades y reconocerse en el miedo.
Asumir la ineradicabilidad del miedo, el plantearse la dirección del conjunto de la comunidad política y asumir la seguridad como tarea prioritaria de la política, siempre, en cada contexto, parecen tareas incómodas para la izquierda. Porque, obvio, lo son. Las tareas incómodas le son definitorias a la política. Estos son asuntos fundamentales para un pensador con una larga sombra. Son tres tareas insertas en las profundidades del pensamiento de Thomas Hobbes.
A este autor le rodea una negra espesura que lo difumina en el pesimismo antropológico, en la defensa de la monarquía o el poder absoluto. Pero, Hobbes está lejos de dejarse atrapar por este traje a medida. Hobbes nos permite intuir que la política en sociedad, como acción representativa de la comunidad organizada, debe hacerse cargo de los miedos de los individuos en soledad. Pues sin acción política en sociedad, reina el miedo a la interferencia de otros particulares sobre todo lo que nos pertenece como sujetos, y en último término el miedo a una muerte violenta. Si la noción de violencia, de inseguridad, aparece en nuestros barrios, sea fruto del patriarcado o redes mafiosas, la comunidad debe afirmarse. Actúa como conjunto frente a la particularidad irredenta que se afirma violentamente sobre el cuerpo de otras particularidades que quedan desprotegidas. Así, la soberanía del conjunto puede imponerse sobre la soberanía egoísta, de tal manera que asume y traslada el miedo, no lo elimina.
Un miedo a la acción conjunta, un juego de centralización y descentralización de los medios de producción del miedo, este es uno de los desplazamientos hobbesianos. El miedo nos hace iguales, esta es una visión igualitaria que llama a la protección comunitaria de cada una de sus partes. Que la particularidad soberana que quiere afirmarse de manera violenta tenga también miedo a la acción de la comunidad organizada, véase los escuadristas de Desokupa. Al hacer política de vocación de conjunto, toca asumir los temores sin acritud, trabajar en sus desplazamientos desde la continua constatación de su inerradicabilidad. Rufián y Delgado, dos pistoleros con miedo, que se cruzaron con la sombra de Hobbes.
Firma invitada - Andrés González-Flores es investigador doctoral en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la UCM. Máster Internacional de Estudios Contemporáneos de América Latina. Graduado en Ciencias Políticas y en Derecho por la UC3M.
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