Movimientos a la izquierda del Partido Laborista
El viraje derechista de Keir Starmer ha permitido un impulso de opciones progresistas fuera del ecosistema laborista, particularmente es reseñable el caso del Partido Verde liderado por Zack Polanski.
Cerca de cumplirse dos años de la victoria del Partido Laborista en las elecciones generales del Reino Unido, el gobierno de Keir Starmer se encuentra a la deriva, sin capacidad de anticipación. Ante una economía tambaleante, más ortodoxia y austeridad. Ante el «neorrealismo» de Donald Trump, complicidad y servilismo. Ante el genocidio en Gaza, ausencia de medidas que sirvan para presionar el comportamiento criminal del Estado de Israel, además de reaccionar con hostilidad a las acciones ciudadanas en apoyo al pueblo palestino. Y ante el ascenso en las encuestas del ultraderechista Reform UK, una retórica incendiaria contra la inmigración.
La cuestión de la inmigración ha sido donde más se ha constatado el viraje derechista de Starmer. Un reciente estudio centrado en el laborismo británico, en cambio, apunta que asumir el discurso de la ultraderecha es electoralmente autodestructivo. Solo funciona para desplazar más a la derecha el espacio político general sobre este tema y puede ayudar a legitimar posiciones y partidos de ultraderecha. Por otro lado, como alertan Luke Shuttleworth, Katy Brown y Aurelien Mondon, no es suficiente con poner cordones sanitarios en épocas de elecciones a la ultraderecha si luego los partidos mainstream asumen sus discursos y sus políticas. Se ha de adoptar un enfoque más holístico sobre dicha problemática, puesto que la ultraderecha no solo se expresa por medio de un partido concreto.
Si uno atiende al manejo de Starmer cuando únicamente se desempeñaba como líder del Partido Laborista, el cual fue analizado en un artículo pasado, la derechización que ha mostrado al frente del gobierno británico no debería resultarnos una sorpresa. Este viraje, unido a otros escándalos ocurridos durante la actual administración, ha provocado que la figura de Starmer sea a nivel general cada vez más impopular, llegando a repercutir también entre sus propios votantes.
El comportamiento errático de Starmer ha permitido un impulso de opciones progresistas fuera del ecosistema laborista. Así pues, hay que destacar el caso del Partido Verde bajo el liderazgo de Zack Polanski. Desde su aplastante victoria en las primarias del pasado mes de septiembre, este miembro de la Asamblea de Londres ha dado mucho que hablar tanto al interior de su partido como en el ámbito de la política nacional.
El entusiasmo generado por Polanski se explica a partir de su tono combativo a través del cual busca interpelar a sectores de la sociedad británica atravesados por la desigualdad en sus distintas vertientes, sin desechar la defensa del medio ambiente. Hoy en día todo progresismo que busque plantear horizontes de futuro ha de enmarcarse en posiciones ecologistas capaces de hacer frente a los sectores fósiles y retardistas. En este caso, Polanski formula su plan a partir del autodenominado «ecopopulismo».
Londres es el principal feudo del Partido Verde. En el último tiempo, no obstante, ha experimentado un importante progreso electoral al contar con más de 800 concejales y ganar cuatro asientos en los últimos comicios generales, quedándose en 40 circunscripciones como la segunda fuerza más votada. Igualmente, la reciente victoria del candidata verde Hannah Spencer en un escaño de Manchester (Gorton y Denton) supone un gran aliciente para un partido que pretende ser una alternativa viable frente a un laborismo desnortado y una ultraderecha crecida.
El Partido Verde de Zack Polanski tiene una vocación de mayorías. Dos elementos han sido claves para poder mostrar esta vocación: un proyecto que apunta a una diversidad de votantes, y una organización sólida –y reconocible– que puede canalizar la esperanza generada. En tanto que el primer elemento ya se ha señalado con anterioridad, del aspecto organizativo destacar que el número de afiliados ha pasado de 68.500 en septiembre del año a 200.000 esta última semana. Muchos de los militantes de base, activistas y simpatizantes que se han incorporado recientemente a Los Verdes provienen del Partido Laborista de la era Jeremy Corbyn.
Al mismo tiempo, se ha de reconocer los límites a los que se enfrenta el Partido Verde. Es difícil pensar que en las próximas elecciones generales se pueda convertir en el partido mayoritario. El sistema electoral británico representa una gran adversidad para aquellas formaciones que no son ni Partido Conservador ni Partido Laborista. En todo caso, ante las expectativas generadas por Reform UK en el terreno electoral, emerge en el campo progresista la necesidad de construir alianzas amplias. Entramos así en el terreno de lo hipotético porque hasta el momento no ha había ningún tipo de aterrizaje hacia algo concreto. Es decir, solo se ha tanteado la idea de que el Partido Verde pueda tender alianzas con Your Party de Jeremy Corbyn y la diputada Zarah Sultana y también con el sector del laborismo liderado por Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester.
Por un lado, Your Party es la plataforma política que lanzó el ala izquierda del Partido Laborista tras ser purgada por Starmer. Si bien su puesta en marcha a mediados de 2025 fue algo accidentada, generó un cierto entusiasmo entre el progresismo británico al lograr que en torno a 750 mil personas se inscribieran en la lista de correo. Al igual que Los Verdes, la formación de Corbyn y Sultana busca cobrar prominencia sobre todo a partir de los huecos que deja vacíos el laborismo starmerista. Lo que ocurre con Your Party es que cuesta imaginar que en el corto plazo pueda asentarse como una alternativa con capacidad para competir. Los peligros a los que se enfrenta Your Party (luchas internas, fetichización del horizontalismo, hiperliderazgos) recuerdan a los problemas organizativos que tuvieron las fuerzas políticas de izquierda surgidas a lo largo del continente europeo durante la década pasada, que el sociólogo Paolo Gerbaudo retrató con precisión en el libro The Digital Party (2019).
Por otro lado, las ambiciones de Andy Burnham todavía no han adquirido una dimensión nacional. El alcalde mancuniano representa el principal polo opositor a Starmer en lo que concierne a la dinámica interna del Partido Laborista. La popularidad que ha obtenido gracias al cargo que ocupa desde 2017 no se circunscribe únicamente a la ciudad del norte, dado que también es visto con buenos ojos entre las bases y los votantes laboristas. Sin embargo, Starmer ya se ha encargado de bloquear la posibilidad de que Burnham se convierta en diputado nacional, que es lo que le permitiría a este último poder desafiar el liderazgo del Partido Laborista. Precisamente Burnham pretendía postularse como candidato a la elección parcial de Gorton y Denton, pero el starmerismo lo rechazó. Esta decisión ha supuesto que el laborismo perdiese en una circunscripción que llevaba controlando desde hace casi un siglo.
La cooperación en el campo progresista no se descarta, sobre todo con un Partido Verde que se está tomando en serio que se puede plantar cara a la ultraderecha sin necesidad de entrar en sus marcos. En el horizonte, todos miran a Nueva York: la gesta de Zohran Mamdani como modelo. La cuestión aquí es no reducir lo logrado por el político socialista a una buena campaña en el apartado comunicativo. Hay que señalar el poder de la organización política en esta gesta. Como se muestra en un artículo publicado en la revista Dissent, “su fuerza y su poderío no provenían de TikTok o Instagram, sino de organizaciones cívicas arraigadas”.
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