Un espacio amplio para interiorizar la vocación de permanencia en el tiempo
La izquierda más allá del PSOE ha de interiorizar la vocación de permanencia. Para ello, necesita encontrar vías organizativas que aúnen integración unitaria y mantenimiento de la diversidad.
En tiempos marcados por una politización elevada pero poco estructurada, el historiador Anton Jäger habla de la necesidad de una izquierda que apueste por una reinstitucionalización, a fin de construir estructuras y lealtades duraderas. El reto aquí es desarrollar nuevas formas institucionales con capacidad de adaptación al dinamismo y la intensidad del tiempo político presente. Muchas veces se formula la alternativa de forma binaria: o abandonar toda forma institucional para ajustarse a la liquidez de la época, o recurrir al viejo partido de masas del siglo XX. Esta es la lógica que acompaña la supuesta pulcritud de apostar por la conformación de movimientos o la impotente seriedad nostálgica de reconstruir un Partito Comunista Italiano (PCI); pero es una oposición estéril. Para ello, Jäger cita al Partido del Trabajo de Bélgica (PTB/PVDA) o la campaña de Zohran Mamdani en Nueva York como casos en los que se combinan aspectos de la organización militante clásica con formas digitales del presente. Una forma política que con nitidez afirma y actualiza lo clásico sin por ello negar las condiciones del tiempo del que forma parte.
Hoy en España el espacio de la izquierda que va más allá del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) asume nuevos retos relacionados con la construcción de pluralidad interna, los riesgos de desdibujamiento ideológico propios del momento gubernamental o la creación militante, enunciado todo ello en la forma el «problema de la permanencia en el tiempo». Este espacio enfrenta desafíos organizativos presentes en el ciclo de diez años que va desde Podemos hasta Sumar. Entonces si Jäger aludía al PTB/PVDA y Mamdani como soluciones híbridas para hacer frente a dicha politización elevada pero poco estructurada, aquí apuntamos al Frente Amplio de Uruguay (FA) como referente de comparación.
Considerar al FA implica mantener la mirada latinoamericana característica de dicho espacio. Una mirada atenta que fue puesta en el pasado en Bolivia, Venezuela o Ecuador. Una mirada que hoy también observa a México, Chile o Colombia. Pero si quiere asumir una vocación de permanencia, un posible horizonte es el Frente Amplio uruguayo y sus más de cincuenta años de historia. La relevancia del FA reside en su distintiva estructura dual de coalición-movimiento, al convivir tanto una coalición de formaciones políticas como un movimiento de militantes organizado desde abajo. Su construcción fue un proceso gradual, quedando igualmente patente en el terreno electoral. Primero le tocó consolidarse como principal fuerza opositora para luego gobernar durante quince años seguidos, volviendo al poder recientemente con la elección de Yamandú Orsi.
La trayectoria del FA posibilita, en línea con los distintos trabajos académicos que han abordado este tema: la capacidad de reproducción de militancia para revolverse frente a la ley de hierro y la cartelización a la vez que se mantiene identidad ideológica; y una militancia autónoma y con autopercepción de eficacia, permitida por una institucionalidad partidista que le asegura la capacidad para tener voz en el partido. Estos son factores que cobraron especial relevancia en momentos de derrota, militancia para levantarse y mostrar una vocación de permanencia en el tiempo.
En el caso español, la experiencia Podemos operó como el elemento refundacional de la izquierda alternativa al PSOE. En su conformación, se dio un momento de irrupción militante, que al final no se logró canalizar con eficacia en la edificación de una organización con militancia numerosa, fuerte y arraigada. Además, tampoco se pudieron generar las condiciones e incentivos para la coexistencia de pluralidad interna. Podemos entonces acabó apostando por un modelo dicotómico-plebiscitario, a la par que devino en un continuado proceso de escisiones y la consolidación de un hiperliderazgo. Aplicando los planteamientos del economista heterodoxo Albert O. Hirschman, en la aparición del conflicto hubo una preferencia por la dicotomización entre lealtad o salida en lugar del uso de la voz para el cambio interno.
La experiencia Sumar, por su parte, reprodujo las problemáticas de la fase previa al no conseguir una base militante propia ni dotar de una estructura organizativa precisa. Tampoco pudo construir institucionalidad partidista con capacidad de incorporar la diversidad constitutiva del espacio. Así, afirmaba la necesidad de cambio de ciclo, mientras mantenía los imaginarios, discursos y métodos del anterior. Esto se ha dado en un contexto de pérdida de apoyos electorales, pero no se puede perder de vista que a nivel estatal le ha permitido continuar por encima del resultado histórico de este espacio previo al ciclo analizado.
Centrándonos aquí en los factores internos, y ante los retos que plantean un PSOE que busca restituir el bipartidismo y las izquierdas soberanistas que cuentan con sus propios proyectos, el espacio de la izquierda alternativa con alcance (pluri)nacional ha de asumir su lugar de enunciación, que se encuentra atravesado por el momento de gobierno, a la vez que debe hacerse cargo de los efectos del ciclo 2014-2024. Se sitúa la condición institucional como lugar de enfrentamiento de retos fundamentales vinculados a la organización partidista, la generación militante o la afirmación ideológica autónoma.
La interiorización de una vocación de permanencia en el tiempo pasa por la búsqueda de vías organizativas que logren compatibilizar integración unitaria y mantenimiento de la diversidad, yendo más allá de la fórmula electoral de fuerzas de base autonómica y otras estatales. Hay que salir de la desconfianza hacia la noción de partido y las acciones políticas vinculadas al mismo, que han estado tan presentes en el ciclo analizado en la izquierda española, dado que incapacita la propia construcción organizativa y dificulta también la relación con los otros campos de enunciación política, incluidos los movimientos sociales, al socavar su propia legitimidad.
Necesitamos una acción política partidista que se valora a sí misma al disponer de capacidad de creación política propia, lo que le posibilita una relación porosa y naturalizada con otros actores y espacios políticos. Por supuesto, no sin contradicciones e impurezas, como muestra la experiencia del Frente Amplio uruguayo. Más cuando los procesos de conversación y recepción política, el viaje transoceánico de ida y vuelta de ideas y experiencias políticas, no se rigen por un principio de réplica o reproducción que nos metería en el terreno de las buenas y malas imitaciones. Son, más bien, procesos de «recepción creativa», donde lo político (véase nuevas diferencias, nuevas militancias) emerge con contingencia y autonomía y la política (véase institucionalización de disputas pasadas en principios ideológicos o reglas de funcionamiento) trata de ordenar con temporalidad y jerarquía.
En esta dirección, entendemos que se atisban pasos al frente que puedan compatibilizar la necesidad de vocación de permanencia y de mantenimiento de centralidad política. Porque se trata de ambos objetivos. Si el ciclo analizado incorpora la ambición política en este actor, su renovación implica la cuestión de la permanencia, es decir, algo del pasado que metaboliza el futuro.
El presente artículo recoge los aspectos más importantes de una investigación académica realizada por ambos autores y publicada en una de las principales revistas de ciencia política de España: «La izquierda más allá del PSOE y la idea de Frente Amplio: recepción y vocación de permanencia» [Revista de Estudios Políticos (211), 2026].
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Buenas, Víctor. Este es un artículo divulgativo, así que su objetivo es dar unas pinceladas sobre el panorama general sin ir tan a lo concreto. En todo caso, te recomendamos la lectura de nuestro artículo académico, en el que se basa este texto. En el artículo académico, nos apoyamos en fuentes secundarias (fundamentalmente papers), a la par que, para analizar la experiencia Sumar, revisamos documentos organizativos del propio Sumar.
Aquí no estudiamos a IU, al considerar que en el ciclo 2014-2024 Podemos y después Sumar han sido los actores con mayor prominencia en el espacio. Eso no significa que se pueda destacar el papel desempeñado por IU en el momento actual (post-ciclo 2014-2024). La defensa que hacía Alberto Garzón sobre la idea de Frente Amplio por septiembre de 2023, tesis también defendida por Antonio Maíllo, guarda similitudes con lo propuesto en el presente artículo.
Un saludo.
Sorprendente que no haya una sola mención a los estatutos de las organizaciones, que es la concreción más material del diseño institucional que permite gestionar la pluralidad. En esto Izquierda Unida no es perfecta pero tiene una trayectoria que, vista en perspectiva, es mucho mejor que todos los experimentos que han venido después.